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Comentario a “Filantropía no Asistencialista. El caso del Barón Maurice de Hirsch, por Edgardo Zablotsky

Celebro que Edgardo Zablotsky haya escrito esta ponencia “distinta”. Es “distinta”, en primer lugar, porque rescata algo casi perdido en la economía actual: la argumentación desde el caso histórico. La historia fue y sigue siendo “maestra de vida”.
Aún puede enseñarnos mucho. En segundo lugar, es “distinta” porque introduce claramente un planteamiento ético como factor de la decisión económica.
También es “distinta”porque describe una propuesta que tiene, aunque no explícita, una gran riqueza antropológica.Comienzo explicitando esto último.

“Tomó pues el Señor Dios al hombre,y púsole en el paraíso de las delicias, para que le cultivase y guardase”, leemos en el libro del Génesis (2, 15), el primero de la
Revelación Judeo-cristiana. El trabajo es, según esta concepción, un fin del hombre. No es sólo un castigo por el pecado. El castigo es el cansancio en ese trabajo. Pero el trabajo mismo es un “para qué” del hombre previo a la caída.El hombre, siempre dentro de esta concepción, es Imagen y semejanza de Dios, y Dios es el Creador que desarrolla su trabajo –la Creación- en seis días.
Por eso el Éxodo manda al hombre:“Seis días trabajarás y harás todo tu trabajo en ellos” (20). En el tratado ético del Talmud Pirke Avot,Rabi Simón el justo dice: “Sobre tres pilares se sostiene el mundo: La Torah (Ley, luz, verbo Divino, Pentateuco); la avoda (trabajo, servicio divino, servicio) y la práctica del bien entre los hombres”
1.
En consonancia con estas y otras enseñanzas, el Barón Hirsch decía: “estoy íntimamente convencido de que me debo considerar únicamente como el administrador temporario de la riqueza que he acumulado y que es mi deber contribuir, a mi propio modo, a aliviar el sufrimiento de quienes padecen por el destino que les ha tocado”
2.
“Su modo” de hacerlo queda expresado en la siguiente afirmación suya: “Me opongo decididamente contra el viejo sistema de limosnas, el cual solo genera muchos más mendigos; considero que el mayor desafío que enfrenta la filantropía es transformar en seres humanos capaces de ganarse su sustento a individuos que de otra forma serían crónicamente pobres,y de tal manera
convertirlos en miembros útiles para la sociedad”
3.
Este modo está en íntima relación con la intrínseca vocación del hombre al trabajo
de la que hablé arriba. El modo de ayudar al otro que más respeta su dignidad es ayudándole a que él mismo trabaje y se sustente mediante ese trabajo. El asistencialismo es una solución antropológicamente defectuosa, pues no facilita la realización del hombre en su trabajo.
1
Según la cita del Rabino Ángel Kreiman Brill, en “Trabajo santo y santidad en el trabajo”, en AAVV, Un mensaje siempre actual, Universidad Austral, 2002, p. 614.
2
“Mi opinión sobre la filantropía”, en North American Review, Julio de 1891, citado en la ponencia de Zablotsky, p. 19.
3
North American Review, Julio de 1891, citado por E. Zablotsky, p. 4.

Encontramos esta misma actitud en la enseñanza de la Doctrina Social de la
Iglesia Católica. Pienso que puede ser un aporte de este comentario destinar unos
párrafos a ésta, para completar una especie de “visión ecuménica” que integre las
enseñanzas de Hirsch, inspiradas en el judaísmo, y las cristianas. Para estas últimas, el hombre que es dueño de sí, es dueño también de su acción y de sus frutos:
“El hombre se realiza a sí mismo por medio de su inteligencia y su libertad, y, obrando así, asume como objeto e instrumento las cosas del mundo, a la vez que se apropia de ellas. En este modo de actuar se encuentra el fundamento del derecho a la iniciativa y la propiedad individual” (Juan Pablo II, Encíclica Centesimus annus, n. 43)
Juan Pablo II insiste en superar los planes asistencialistas, con la provisión de trabajo para todos. Esto responde a una exigencia propia de la naturaleza humana, y es condición y causa de la riqueza económica a través del efecto creador del trabajo.
Además, sin trabajo y sin capacitación el hombre queda marginado. Hay que sumar a la
gente al proceso económico porque el trabajo es una dimensión de realización y dignidad de la persona humana (cfr. Encíclica Laborem exergens, n. 9; Ecclesia in America, n. 54). Por otra parte, el desarrollo se genera gracias a la creatividad del hombre que trabaja y se capacita:
“Existe otra forma de propiedad, Concretamente en nuestro tiempo, que tiene una importancia no inferior a la de la tierra: es la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber. En este tipo de propiedad, mucho más que en los recursos naturales, se funda la riqueza de las naciones industrializadas”(Centesimus annus, n. 32).

Señala allí mismo que brindar al hombre las posibilidades de conocimiento revierte sobre el mismo proceso de creación de riqueza. Este proceso, además, señala, no es individual, sino que hoy día se da especialmente en el ámbito de la empresa,
trabajando unos hombres con otros. Refiriéndose a los habitantes del Tercer y Cuarto Mundos, Juan Pablo II agrega:
“Es preciso que se ayude a estos hombres necesitados a conseguir los conocimientos, a entrar en el círculo de las interrelaciones, a desarrollar aptitudes para poder valorar mejor sus capacidades y recursos” (Centesimus annus, n. 34).

Esto es así, puesto que considera al desarrollo como un objetivo deseable para
todos y cada uno, y que tiene causas relacionadas con actitudes ligadas al trabajo. En un Discurso pronunciado, en Santiago de Chile, ante la CEPALC el 3 de abril de 1987 dice así:
“Las causas morales de la prosperidad son bien conocidas a lo largo de la historia. Ellas residen en una constelación de virtudes: laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, frugalidad, ahorro, espíritu de servicio, cumplimiento de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al
trabajo bien hecho. Ningún sistema o estructura social puede resolver, como
por arte de magia, el problema de la pobreza al margen de estas virtudes; a la larga, tanto el diseño como el funcionamiento de las instituciones reflejan estos hábitos de los sujetos humanos, que se adquieren esencialmente en el proceso educativo y conforman una auténtica cultura laboral”

4.Por el contrario, la ausencia de estas virtudes incide fuertemente en la pobreza. En Centesimus annus considera como la “ineficiencia del sistema económico (...) no ha de considerarse como un problema puramente técnico, sino más bien como consecuencia de la violación de los derechos humanos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector de la economía” (n. 24). “Durante mucho tiempo”, sigue, “las relaciones económicas más elementales han sido distorsionadas y han sido zaheridas virtudes relacionadas con el sector de la economía, como la veracidad, la fiabilidad, la laboriosidad” (n. 27).

En resumen, la mejor manera de ayudar al hombre es ayudándole a que se ayude a sí mismo y a que de este modo contribuya, participe del desarrollo de la sociedad en que vive. Volvemos ahora al Barón Hirsch.

Se ve que el filántropo alemán tiene un concepto claro del principio ético de
subsidiariedad. Este principio señala que una instancia superior sólo debe hacer aquello que no es capaz de hacer la inferior. Es decir se le debe exigir a todos lo que deben hacer y sólo suplirlos en el caso de que no lleguen. Su propuesta de ayudar ayudando a trabajar está en absoluta consonancia con este principio.

Otra manifestación de su sensibilidad ética es que considera los “costos” de traslado y de arraigo, de inculturación,de los hombres que cambian de lugar de trabajo.

Estos “costos” no han sido tenidos en cuenta habitualmente por la economía, que suele suponer una gran movilidad en los factores de producción, entre los que considera a la mano de obra.

Finalmente quisiera sugerir al autor de la ponencia un pequeño detalle formal: cambiar el término “caridad” por “limosna” o “asistencialismo”. Caridad es distinto de limosna. De hecho Hirsch usa el término “limosna”, no caridad, en la cita que consigna Zablotsky. Caridad es más amplio e incluye toda ayuda o servicio al prójimo. La definición de caridad que Zablotsky consigna al comienzo de la ponencia es una de las acepciones específicas del término. Lo sugiero porque sino, se puede dar a entender que hacer caridad es algo reprobable, cuando lo que en realidad se está estigmatizando es la política asistencialista.
Ricardo F. Crespo
4
http://humanitas.cl/biblioteca/articulos/d017

Filantropía No Asistencialista.
El Caso del Barón de Hirsch
Neues Wiener Tageblatt,
April 22, 1896

“Su dedicación a la filantropía fue aún mas importantepor su objetivo que por la magnitud de sus donaciones:la rehabilitación económica de los beneficiados”

Página Web de la J.C.A., 2004
“Hirsch desaprobaba la caridad tradicional con su énfasis en la distribución de limosnas como un medio de brindar alivio. Estaba convencido que podría asegurar el futuro de los judíos de Rusia proveyéndoles la oportunidad de volverseautosuficientes a través del trabajo productivo”

Barón de Hirsch, North American Review, Julio 1891
“Me opongo decididamente contra el viejo sistema de limosnas, el cual solo genera muchos más mendigos;considero que el mayor desafío que enfrenta la filantropía es transformar en seres humanos capaces de
ganarse su sustento a individuos que de otra forma serían crónicamente pobres, y de tal manera convertirlos en miembros útiles para la sociedad”
Nota al directorio de la Alliance Israelite
Universelle, 1873

“Durante mis repetidas y extensas visitas a Turquía me he sentido dolorosamente impresionado por la miseria y la ignorancia en las cuales habitan las masas judías en dicho imperio... El progreso los ha dejado a un lado, la pobreza se origina en la falta de educación,y solamente la educación y el entrenamiento de las nuevas generaciones podrán remediar esta desafortunada situación”

Imperio Otomano
1873. Establecimiento en Constantinopla de escuelas primarias y vocacionales (técnicas)
Objetivo: proveer entrenamiento laboral a los
beneficiarios Las donaciones nunca fueron con un fin general sinoexplícitamente dedicadas a educación vocacional
Las donaciones fueron resistidas por la comunidadultra-conservadora de Salónica por no catalogar este tipo de entrenamiento como educación

Imperio Austro-Húngaro
1888. Establecimento del Barón Hirsch Kaiser Jubilaums Fund
Objetivo A: Crear y mantener desde jardines de infantes y escuelas primarias, hasta escuelas vocacionales y de entrenamiento laboral
Objetivo B: Líneas de pequeños créditos para
agricultores y artesanos que carecían de colateral

Michael Heilprin
“Michael Heilprin no creía en caridad improductiva.
Tenía una fuerte conciencia social y estaba convencido que el trabajo social no tenía sentido a no ser que mediante el mismo se enseñase a aquellos que eran asistidos a valerse por si mismos” (S. Adler-Rudel,
1963)

Michael Heilprin, 1888
“La caridad judía siempre ha sido justamente
elogiada…. Pero también ha tenido consecuencias malas.
Ha fomentado un hábito de apoyarse en personas y congregaciones, y ha disminuido proporcionalmente los instintos de hombría, independencia y honor. Es hora de moderar esta influencia dañina de sentimientos y
prácticas nobles. Las instituciones judías deberían fundarse en el principio de ayudar a quienes se ayudan a sí mismos, de promover y recompensar los esfuerzos independientes y la energía exitosa - no mediante regalos y distinciones, sino ofreciendo los medios
para incrementar los esfuerzos honorables y el campo de la energía valerosa”

Michael Heilprin, 1888
“Todas las donaciones a particulares por la dedicación al oficio que se incentiva y propaga deberían excluirse sin excepción del programa de las instituciones de benevolencia al que nos referimos aquí, para que el agricultor judío sea inducido a sentir y considerarse a sí mismo como un cultivador autosuficiente de la tierra, un miembro independiente de la sociedad”

Barón de Hirsch Fund
Proveer a los inmigrantes transporte gratuito hasta su destino final
Préstamos a los inmigrantes con el objeto de
permitirles establecerse como agricultores o
artesanos, reentrenarse para dichos fines y mantenerse durante el período de entrenamiento

Wilhelm Loewenthal
“Sostiene (el proyecto), por otra parte, que la ayuda a los judíos perseguidos no debe revestir carácter de dádiva, y que lo más constructivo sería brindarles la posibilidad de consagrarse al trabajo de campo,fundando a este efecto colonias agrícolas” (Lázaro
Schallman, 1971)S. Sigwald Carioli, Marzo 1991
“El Barón elaboró estrictos contratos haciendo a cada colono responsable de pagar a la Asociación hasta el último centavo que ésta le hubiera dado en concepto de gastos de viaje, construcción y arreglo de la
habitación que ocupa, compra de hacienda, útiles de labranza y máquinas agrícolas, mobiliario, otros útiles y semillas y por subsidios acordados...
Generalmente a la firma del contrato, la suma que aquél debía pagar por estos rubros, solía duplicar o triplicar la que debía abonar por el valor de la tierra... El criterio inicial de la Asociación fue que
el monto total fuera pagado en anualidades que según los casos eran de 10 o 15 cuotas”

Mons. Casaretto,Titular de Cáritas, Clarín, 4/01/04

En la Argentina hubo un acostumbramiento a la cultura de la dádiva y al uso político de los planes sociales.
Tenemos que ir abandonando este paternalismo e ir fomentando el desarrollo de la persona, porque eltrabajo es el elemento fundamental para tener dignidad

Maimónides
Ordena la filantropía en (orden creciente):
Dar limosna de mala gana (porque se lo pidieron)
Dar antes de que se lo pidan
Dar en conformidad a lo que se pueda
Dar más de lo que permite su bolsillo

Maimónides
Dar sabiendo a quién se da y que este sepa de quién recibe
Dar sin saber a quién se da pero que éste sepa de quién recibe
Dar sin que se sepa quién da ni quién recibe
Dar a un pobre para que pueda vivir de su trabajo sin degradarlo con la limosna abierta u oculta

Boris Garfunkel, 1960
Con tres cosas se sostiene el mundo: con la Ley, con el trabajo y con la caridad. Pirké Avot
Tzedacá, palabra hebrea que significa tanto “caridad” como “justicia”
Dar ayuda al menos afortunado es un deber, no un favor, y por ello la ayuda debe hacerse no en forma de limosna sino en un modo constructivo, como lo hizo Hirsch al ayudar respetando la dignidad del necesitado